Cartas del padre Opeka
“Dejen que la situación de los pobres
les hable”
La lucha contra la pobreza y el cambio de estructuras se realizará por los pobres. Nadie podrá remplazarlos en sus derechos y sus deberes frente a este indispensable desafío.
Las personas de buena voluntad podrán solamente ayudar a comenzar un proyecto, pero nunca pensar que depende de aquellos que vienen del extranjero, sino que los nativos de un país son los verdaderos responsables y actores.
En la ayuda internacional hay todavía una mentalidad sentimental y una tendencia a sustituir al nativo. Parecería que lo esencial de quien viene ayudar es tener la sensación exótica de vivir y ofrecer su generosidad como algo fuera de lo habitual.
Un trabajo humanitario y de desarrollo debe poner en el centro al nativo que es el primer responsable de su vida y de su país. Nosotros sólo podemos alentarlos a que tomen confianza en sí mismos, a ponerse de pie, caminar, trabajar y así preparar su futuro.
Antes de actuar, hay que sumergirse e impregnarse de la pobreza de los pobres, de sus sufrimientos y desilusiones, hay que tener humildad, simplicidad y perseverancia y una visión clara a corto y largo plazo de cómo ayudarlos.
San Vicente dijo: “Ser cristiano y ver al hermano afligido, sin llorar con él, sin estar enfermo con él, es no tener caridad, es ser una pintura del cristiano, es no tener humanidad, es ser peor que las bestias” (30 de mayo 1659).
Viviendo con el pueblo de un vertedero de basura desde hace 20 años, quiero expresar tan sólo ideas con palabras simples y concretas. No vengo a dar lecciones, ni a enseñar o proponer nuevas teorías ni soluciones fáciles, sólo a compartir como un hermano mayor a sus amigos una experiencia de cambio de mentalidad, de estructuras y desarrollo.
San Vicente dijo: “la simplicidad…yo la llamo mi evangelio” (24 de febrero 1653).
La crisis financiera actual es un ejemplo muy claro de a dónde conduce la ayuda internacional cuando no hay transparencia, ni control, ni regulación de la clase política y financiera de un país.
La falta de coraje y el egoísmo exagerado de los dirigentes políticos y de los grupos de presión que sólo se interesan por sus propios intereses, es decir, por ganar dinero en gran cantidad en el tiempo más corto posible; aumenta necesariamente la corrupción que es la causa primera de la pobreza en los países pobres.
Lo más importante parece ser cautivar la simpatía de los dadores de fondos y del electorado del país. Vencer la pobreza, cambiar la mentalidad y establecer una verdadera acción política de desarrollo no les preocupa, ni les apura, ni les interesa. Es mucho trabajo de abnegación y compromiso.
El “cambio sistémico” no debería ser una nueva teoría, ni una nueva fórmula, tampoco son palabras huecas o discursos de expertos. El “cambio sistémico” es un compromiso concreto, una acción perseverante en medio de los más pobres; es vivir y compartir la pobreza y las riquezas humanas y espirituales con los que fueron olvidados del progreso y de la sociedad, con los excluidos que abundan hoy en todos los países de nuestra Tierra.
El “cambio sistémico” no es sólo un concepto, es necesariamente una acción, algo concreto y para todos sin exclusión y en todos los niveles de la vida.
Tanto se ha dicho sobre el desarrollo y sin embargo todo queda por hacer. Esta contradicción es una lógica que domina y reina en los medios más pudientes y de los expertos. ¿Cómo se explica que en 1975 había 25 países que vivían por debajo del umbral de la pobreza y que en el año 2000 fueran 50? ¡Con toda la ayuda que ha enviado el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y otros Organismos Internacionales, la pobreza se ha duplicado en el mundo! ¿Cómo explicar esta contradicción? Con tanto dinero que se ha prestado, tantos coloquios y seminarios internacionales sobre la lucha contra la pobreza, hemos aumentado, año a año, la pobreza, sin comprender que algo falla en nuestras presentaciones, proyecciones y planes.
En la Familia Vicentina tenemos un espíritu que nos impide imitar a estos organismos del Estado o Internacionales, que por naturaleza no tienen compasión y no saben distinguir o hacer una excepción a las leyes que los rigen, ni tienen flexibilidad para ayudar más rápida y eficazmente a los pobres. Para nosotros, es el hombre el que está en el centro de toda nuestra acción evangélica, de desarrollo y caridad.
Ellos, en cambio, siguen el camino más largo, lento y complicado para ayudar a los desfavorecidos.
Como Vicentinos, debemos conservar nuestra particularidad que es la de estar cerca de los que sufren y están marginados del progreso. Nuestro modelo es Jesús, que nació, vivió y murió entre los más pobres y el ejemplo de San Vicente de Paul, que reconoció en el pobre el rostro de nuestro Señor Jesucristo.
Debemos proponer y vivir concretamente, con altos y bajos, éxitos y fracasos, un desarrollo humano más cercano, participativo y flexible, con la población desfavorecida de nuestra Tierra que es la más numerosa.
¡El desarrollo no es el aumento de la capacidad de consumo de sus habitantes! No es tener, sino ser más. Debemos insistir sobre el “ser más” que sobre el “tener y poseer”. Tenemos que crear y dar las mismas oportunidades a todas las clases sociales.
El pobre es capaz de ser, él mismo, su agente de desarrollo y el responsable de su progreso material, moral y espiritual.
Una máquina complicada, como es la del Estado, es lenta y sin corazón. ¡Sus hermosas declaraciones sobre la justicia social, el desarrollo, la protección y la seguridad social, son sólo frases sin contenido, sin fe, sin convicción y, por lo tanto, sin futuro!
Menos papeles y más pan y arroz. Menos burocracia y más rapidez. Menos complicaciones y más simplicidad. Menos discursos y más ayuda concreta. Menos promesas y más acciones. ¡Porque los pobres ya están cansados de esperar!
Queremos una ayuda que respete la dignidad de la persona humana. Yo les hablo desde una experiencia de 20 años en un basurero, donde estoy rodeado de jóvenes del país, con su cultura, sus creencias, sus tradiciones, su capacidad, mentalidad y velocidad, que dirigen un proyecto que ha sacado de la pobreza extrema a decenas de miles de personas.
No se trata de introducir un modelo de desarrollo del exterior y aplicarlo ciegamente en otro país. Cada país tiene su tradición, su mentalidad y su cultura.
Es sólo en medio de los pobres y junto con ellos, con toda simplicidad, que se avanza pasa a paso, con dificultades, con dolor, con sufrimiento y también con decepciones y fracasos. Sólo en medio de esta situación, podemos decir que comienza el verdadero desarrollo por y con los pobres, y el verdadero cambio, porque se avanza con su mentalidad y en la manera como ellos ven las cosas y con la velocidad que ellos sienten, deciden y viven. No se trata de convertirlos a nuestra cultura, sino de ayudarles a ser verdaderos, honestos y auténticos en su misma cultura y su mundo.
Akamasoa se mostró flexible, no impuso su manera de realizar los proyectos de desarrollo. Hubo diálogo, respeto, confianza recíproca, voluntad y perseverancia, pero también hubo momentos de ofuscación y discordia, de muchos nervios, de pelea y tensión. ¡Todo esto forma parte de la vida y de la lucha!
Dios quiera que la Familia Vicentina no caiga en la excesiva burocracia administrativa y que permanezca cercana, solidaria y flexible a los problemas de los pobres en todos los países en los que interviene. Esta manera será menos segura, más difícil, habrá menos apariencias, pero más sinceridad y autenticidad y, a largo plazo, la ayuda a los pobres será más auténtica, porque ellos mismos habrán asumido sus responsabilidades en su propio país.
Lo que más admiro en la Familia Vicentina, es la solidaridad sin fronteras, su apertura a ayudar a todos los pobres de dónde sean, sin exclusión. ¡Cuando se es de la Iglesia y de una obra Humanitaria como la Vicentina, se debe ser solidario y universal!
En la Familia Vicentina luchamos por la dignidad de cada persona, de cada niño, de cada familia para que sea reconocida, y se sienta defendida, contra vientos y mareas, a la manera de Jesús y San Vicente. ¡El dinamismo y la autenticidad del Evangelio pasan necesariamente por este compromiso!
¡Nosotros queremos decir en voz alta y con fuerza que la lucha contra la pobreza, el cambio sistémico y el desarrollo son posibles!
Nosotros, en las primeras líneas de esta guerra contra la pobreza, sin piedad y sin tregua, hemos ganado varias batallas (tenemos muchos ejemplos).
La extrema pobreza continúa matando y excluyendo a los más pobres, por eso hay que seguir luchando contra todo lo que oprime al pobre y destruye la dignidad humana.
¡Durante varios siglos, los colonizadores venían con espadas, lanzas y cañones, hoy vienen con guantes finos y carteras negras!
El dominio de un pueblo sobre otro, de una persona sobre otra, debería cambiar y desaparecer en este tercer milenio.
Puede ser una utopía, pero San Vicente también vivió la utopía de ayudar a los más pobres de su tiempo contra tantos prejuicios de su época.
Como vivimos en un mundo globalizado, deberíamos tener en la Familia Vicentina, la misma sensibilidad, el mismo amor y empeño, para ayudar a establecer la justicia social para todos, cambiando las mentalidades y estructuras.
Utopía para unos, realidad posible para quienes luchan y se comprometen diariamente con los pobres para convencerlos de que aquello que viven, no es la fatalidad que ellos habían creado como una autodefensa frente a tanto dolor y sufrimiento.
La libertad, la justicia, el desarrollo y la paz son posibles. Jesús luchó por esos valores humanos y espirituales, y los vivió en carne propia, igual que San Vicente de Paul y tantos otros santos de la Iglesia en cada siglo de la historia.
Por eso, nosotros, la Familia Vicentina y todos los jóvenes de espíritu, también debemos tener esperanza, saber comprometernos, unir y guiar a los jóvenes y pobres de nuestros barrios donde nos toca vivir, comunicarles la “esperanza combativa” que es aquella que no tiene miedo de las dificultades y los fracasos. ¡Porque sabemos que Jesús está con nosotros siempre y en todos los lugares donde vivamos el compromiso evangélico con el pobre que sufre!
Frente a esta situación de pobreza que prevalece en África y América Latina, y también en los países desarrollados, los que creen en la fuerza de Cristo y su Evangelio y en la fuerza del Espíritu Santo, pueden aportar la esperanza y el cambio urgente para una vida digna en medio de los pobres. ¡Cristo como hace 2.000 años, llama e invita a sus discípulos de hoy a seguirlo con alegría, convicción, audacia y espontaneidad!
¡Levantémonos y caminemos en la esperanza! La esperanza y el coraje, nos invitan a la lucidez y, ésta, a la acción por la justicia y la paz. ¡No nos resignemos frente a la pobreza y al sufrimiento, obremos juntos, trabajemos y recemos para hacer advenir el Reino de Dios!
¡La esperanza de Cristo es más fuerte que toda exclusión y fatalidad!
Pedro Opeka
Misionero
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Mensaje de Navidad 2011
¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO 2012 a todos los lectores de nuestro sitio Web!
¡El Espíritu de Cristo nacido en Belén sopla por todos los Continentes. Gracias sean dadas a Dios!
Les deseo muchas felicidades y mucha fuerza espiritual para resistir a la sociedad de consumo que nos quiere hacer creer que la fiesta de Navidad es comprar regalos y comer en abundancia.
Más que nunca la Navidad entre los pobres manifiesta el amor de Dios para cada ser humano para darle un sentido y un ideal a la vida, que es reconfortar al hermano pobre que sufre en todos los rincones de nuestro mundo.
Estaremos muy unidos con todos ustedes en la Noche Buena y el día de Navidad.
¡Reciban un fuerte abrazo de Navidad de los niños de Akamasoa!
Padre Pedro
Mensaje de Adviento 2011
¿Qué puedo escribir que todavía no se haya escrito sobre el tiempo de Adviento? Sin embargo, confiando en el Espíritu de Dios, me lanzo y tomo el riesgo de interpelar mi fe y escribir lo que siento en el corazón.
El Adviento es un tiempo de preparación de algo importante que va a suceder. Es un tiempo de espera de un acontecimiento deseado y querido por la Humanidad entera. Es Dios que se hace hombre, Dios que viene hacia nosotros para hacerse uno de nosotros y compartir nuestra existencia humana, para salvarla, exaltarla, hacerla más alegre y feliz, dándole un sentido que va más allá de lo físico, de lo material, de lo visible.
Esta espera del hombre toca el fondo de su persona, es decir, su espíritu. Es allí donde se generan todos los sueños, ilusiones, utopías y los proyectos del ser humano, buenos o malos. Buenos, cuando están de acuerdo y respetan la voluntad del Creador inscrita en su corazón y, malos, cuando se crea un proyecto egoísta, que no piensa en el hermano, en los pobres, en los excluidos y en todos los que sufren.
La Humanidad entera tiene necesidad de un tiempo de reflexión y de meditación para corregir la dirección si nos hemos equivocado de camino y no hemos seguido el designio de Dios, que es el de que todos los seres humanos vivan felices como hermanos de una misma familia y sean salvados. ¡Que todos tengan su parte de felicidad de los bienes de nuestra Tierra y que a nadie le falte lo necesario para vivir dignamente!
No se trata solo de rezar y sentirse feliz, como por encima de las nubes, sino de construir el Reino de Cristo sobre tierra firme y una sociedad que respete los derechos de la mujer, de los niños, de los ancianos y los discapacitados. ¡Una sociedad de respeto, fraternidad y amor!
Qué fácil es decirlo y expresarlo en una meditación o en una conferencia de alto nivel, pero, qué difícil es vivirlo y aplicarlo en la realidad de todos los días, en medio de la violencia, el desempleo, la indiferencia; en medio de los dramas, del mundo de las drogas y de la extrema pobreza. Allí es más difícil vivirlo, porque a cada instante uno se ve interpelado por la dura realidad del medio ambiente donde le toca vivir. Es allí donde tenemos que crear, construir, pensar y aplicar el espíritu del Adviento, que no es otro que el espíritu del Evangelio, que comienza invitándonos a la conversión personal y comunitaria, para luego cambiar las estructuras que crean las injusticias, la envidia y el egoísmo desmesurado. ¡Este compromiso es el fundamento de nuestra fe!
En cada región del mundo existen situaciones de deses-peranza, de violencia, de indiferencia, de extrema pobreza que mata no solo el cuerpo sino también el alma de las personas, es decir, su espíritu. Es allí donde hay necesidad de rebelarse y crear junto con otros hermanos un oasis de esperanza, de amistad, de alegría, de respeto, y de amor. ¡Esto lo lograremos sólo con una lucha permanente en favor de la justicia para todos los hermanos sin excepción! Mientras haya un sólo niño que sufra, un sólo hermano o hermana que esté excluido y abandonado, tenemos que luchar y hacer advenir el Reino de Cristo, que es justicia, solidaridad y amor.
En medio de un mundo tan complicado y estructurado por los que saben y para los que tienen, podemos perder la paciencia y la esperanza de que algo cambie en nuestras vidas y en nuestra sociedad. Sin embargo, tenemos que seguir luchando con el evangelio de Cristo en la mano y con su espíritu incrustado en nuestro corazón. Entonces, podremos resistir a toda desesperanza y a la tentación de dejarlo todo y vivir como lo hacen muchos: cada uno para sí mismo y sólo para su familia.
En todas las generaciones que nos han precedido, hubo hombres y mujeres que se rebelaron contra el medio ambiente de la época en que vivieron, contra la injusticia, la indiferencia, la explotación y la opresión de los pequeños, de los débiles y de los pobres. Ellos fueron y serán siempre nuestros ejemplos a seguir y, uno de ellos, es el mismo Dios hecho hombre en la persona de Jesús. Nunca nadie como él, ha sufrido y aceptado nuestra condición humana, con una humildad que nos deja perplejos y atónitos, pero que nos da, al mismo tiempo, la fuerza y el coraje que nadie puede darnos, para imitarlo en nuestra vida diaria y mejorar el mundo.
El tiempo del Adviento no es crear un tiempo más para llenar un vacío, es un tiempo privilegiado para tomar conciencia de nuestra responsabilidad humana frente a los hermanos que nos necesitan; para reavivar nuestra fe que debería llevarnos a un compromiso cotidiano, donde no nos regocijemos de una espera vana y llena de pensamientos teóricos, sino con el cambio de nuestra manera de vivir y trabajar por el Reino de Dios que ya está aquí desde hace siglos y que nos cuesta ver, aceptar, construir y compartir con todos los hermanos que viven olvidados al borde del camino en nuestros países.
En medio del mundo pobre donde vivo, me doy cuenta que nada es permanente, que toda nuestra vida tiene que ser zarandeada por el espíritu evangélico que Jesús ha vivido y transmitido en su tiempo. Hombres y mujeres, a lo largo de los siglos, se han decidido a retomar el espíritu del Evangelio y continuar construyendo el Reino que Jesús comenzó a instituir en su época. ¡Si él, siendo Dios, no lo realizó de una vez por todas, fue porque respetó la libertad de cada persona, los dones, los talentos y la libertad de conciencia que nos ha dado!
El Reino de Dios que ha sido proclamado y comenzado con la vida, los gestos y las palabras simples y profundas de Jesús, se construye con materiales que escasean, pero que existen en todos los rincones de nuestra tierra: ellos son el amor, el perdón, la misericordia, la humildad en la fraternidad y el compartir de las riquezas que Dios nos ha dado para todos.
Debemos vivir el espíritu del Adviento, en este tiempo de la globalización sin límites ni fronteras, donde la religión no tiene cabida y el consumismo adormece a la gente permitiendo a las grandes empresas multinacionales ganar más dinero para ser más ricos y tener más poder e influencia, mientras que el resto del mundo pobre no les importa ni les interesa. El tiempo de Adviento es un desafío enorme al cual nos invita el ejemplo de Jesús, donde sea que vivamos, en este tiempo de la comunicacion mundial instantánea. En todos los países y en todas partes, existe la misma tentación, el mismo riesgo y el mismo desafío: salvar al hombre de hundirse en el egoísmo y en las supuestas bondades de un mundo virtual que quiere enriquecerlo a corto plazo, haciéndole olvidar voluntariamente la riqueza del espíritu. Lo que cambia de un país a otro, es lo exterior, el embalaje, pero el objetivo es el mismo: ocuparse de su egoísmo y construir, aquí y ahora, una sociedad basada en el dinero, el poder, las apariencias y olvidarse que vivimos para construir el Reino de Dios.
Este Reino de Dios no es un Reino del más allá, es el Reino que comienza aquí y ahora: compartiendo, respetando y amando a todos nuestros hermanos que nos rodean; cambiando y creando un mundo de reglas y estructuras frater-nales y justas para todos. ¡No debemos huir de la responsa-bilidad de transformar nuestra sociedad y cambiar el corazón del hombre, para que sea más solidario y compasivo con sus compatriotas y construir así una comunidad de hermanos con alegría, simplicidad y humildad!
Este tiempo de Adviento es un tiempo de renuncia de nuestra pretensión de ser poderosos y semidioses. Seamos, simple-mente, hermanos unos de otros y sepamos compartir nuestras riquezas, construyendo en el respeto y el amor una Familia Humana que tenga una visión clara de ir hacia el Dios del Amor que nos ha confiado el Universo y las vidas de nuestros hermanos.
El fin de todos estos esfuerzos es la Navidad que pronto llegará, sobre todo para los excluidos, los pobres y los que tienen el corazón humilde. ¡Que todos podamos tener lo necesario y sentirnos respetados y amados dentro de la familia humana que peregrina en el tiempo y en el espacio por un momento bien delimitado!
Depende de ti hermano qué vas hacer de tu conciencia, de tu espíritu, de tu voluntad, de tu energía de amor y, sobre todo, de la decisión que vas a tomar. ¡Nadie puede decidir en tu lugar, tu libertad es sagrada! Utilízala para el bien de todos, y crea desde ahora, donde vivas y con los que te rodean, una comunidad más justa, más fraterna y portadora de esperanza para las futuras generaciones.
Bienaventurado el tiempo de Adviento que nos despierta y nos invita a salir de la cárcel de nuestros prejuicios, de nuestras ideas preconcebidas, de nuestros miedos y de la comodi-dad que nos mata a fuego lento. Es hora de levantarse, aplanar el camino, llenar los baches de nuestra vida con el perdón y la esperanza, para servir mejor y amar a Dios en el prójimo. ¡Con este espíritu, el nacimiento de Jesús es un regalo para todos!
Pedro Opeka
Akamasoa
Madagascar
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Mensaje de Navidad 2010
¡Navidad es toda la Humanidad embellecida por el Amor de Dios!
Navidad es la fiesta del Amor de Dios para la Humanidad entera y para cada ser humano; es también la fiesta de la fe en el gran misterio de Dios hecho hombre.
Dios se hace hombre para que el hombre sea hijo y heredero del Reino de Dios. Este milagro divino rompe y quiebra todos los moldes de nuestra lógica y nuestra estrechez humana.
Dios es Amor y energía, por eso busca al hombre y no se cansa de invitarlo a hacer alianza de Amor, de fidelidad y de responsabilidad frente a los desafíos del progreso y de la Historia.
Dios nos ha dado la libertad y una conciencia para poder discernir, elegir y crear lo que es bueno y lo que engrandece al ser humano.
Dios jamás se arrepentirá de habernos dado la libertad, que es gracia y don gratuito. Dios respeta la libertad que ha dado al hombre. Su decisión es irreversible. Al hombre le cuesta comprender el amor de Dios gratuito y desinteresado.
No es costumbre del hombre actuar gratuitamente. El hombre es un ser complejo y limitado en sus pensamientos, sus creencias y sus acciones, sus realizaciones, sus triunfos y sus derrotas, sobre todo cuando se separa de la parcela divina que lo hace vivir y existir.
Sin embargo, cuando está en simbiosis con la gracia divina y su Creador, entonces es un verdadero ser humano que vive en armonía y alegría consigo mismo.
El hombre tiene dificultad en utilizar la libertad y actuar como una persona responsable. El hombre quisiera tener a su lado alguien que le diga lo que debe hacer, en lugar de pensarlo personalmente con la fuerza del Espíritu de Dios que lleva en su corazón y en su alma. Cuánto más honorable sería que el hombre mismo se esforzara en pensar cómo vivir y actuar para el bien de la sociedad de la cual forma parte y aportara más justicia a los pobres, más verdad y más confianza entre los ciudadanos.
Navidad es el tiempo de reconciliación por excelencia, tiempo de meditación, de oración para buscar y determinar los pasos en falso que damos, las malas actitudes y la violencia que engendramos haciendo el mal.
Pero sobre todo deberíamos en este tiempo de Navidad buscar como compartir con los más desfavorecidos y pobres de nuestra sociedad, parar las guerras, salir del laberinto del odio, la envidia y el egoísmo. Renunciar al poder por el poder y servir al hermano como lo dicho y hecho por Jesús. ¡Qué difícil misión pero no imposible para quien tiene la pasión del Evangelio!
Navidad es tiempo de humildad como nunca se ha visto en la Historia, Dios naciendo en un pesebre, en medio de los animales y en la más grande simplicidad. Es también tiempo de verdad y de felicidad del alma que busca a Dios.
Tenemos necesidad de recibir la energía divina para poder despertarnos a nuestra responsabilidad de construir una sociedad más justa, más solidaria y más fraterna. Esto hay que vivirlo en la vida diaria y no sólo durante los días de fiesta una vez al año.
Navidad es el milagro de todos los días. Cada ser humano puede continuar este milagro, inspirado por el amor de Dios, cada vez que se interesa por un niño abandonado, por el joven drogadicto, por los ancianos que nadie mira ni atiende, por el emigrante excluído porque es diferente y por todos los no queridos de nuestra sociedad, los huérfanos, las mujeres solas, los leprosos, los enfermos de SIDA.
Navidad es tiempo de paz y de Amor sin fronteras, tiempo de felicidad,de vivir en Comunidad y pertenecer a la misma familia humana con todas sus diferencias culturales.
Dios ha venido para liberarnos de nuestros sufrimientos, nuestros miedos y nuestras tristezas. Navidad es la fiesta del Amor, porque Dios se une a la condición humana para traernos la esperanza de que nuestro mundo injusto puede cambiar y ser mejor. El Cielo y la Tierra han hecho una alianza única y así podemos caminar día a día y paso a paso hacia el Reino de Dios que está presente en cada uno de nosotros. Sobre todo entre los más pobres y humildes tan cercanos a Jesús durante toda su vida terrena.
La semilla del Reino está en el corazón de cada hermano y hermana. Cultivemos esta semilla divina que llevamos en nuestro interior para construir un mundo más fraterno y solidario.
Navidad es todos los días, porque el milagro continua aunque estemos durmiendo. La semilla nunca para de crecer. Cuando tomamos conciencia de vivir en este estado del espíritu, es decir, vivir y compartir su vida, sus talentos, sin esperar recompensa alguna, alcanzamos la verdadera felicidad, incluso en los dramas, inevitables en la vida humana.
Navidad eres tú, es el otro, soy yo, somos todos nosotros y todos los días.Cuanto más humanizamos el mundo y ayudamos a los pobres, más estaremos cerca de Dios y más felices seremos de existir.
¡Viva el Amor de Dios, Viva La Navidad, Viva la Humanidad!
Padre Pedro Opeka
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Mensaje de Pentecostés 2010
¡Un fuego de Amor que nunca se apaga!
Es la irrupción del Espíritu Santo que viene para transformar el mundo por la fuerza del fuego del amor y de la paz.
Es tan fácil decirlo pero que difícil de practicarlo. ¡En la vida de todos los días podemos verificar la verdad del Espíritu de Dios en las personas que lo reciben!
¿Soy realmente testigo del Espíritu de Dios allí donde estoy viviendo y trabajando?
Todos tenemos necesidad de entrar en nuestros corazones y meditar: ¿qué he hecho de los talentos que Dios me ha dado para servir a la Humanidad de la cual formo parte?
No puedo vivir en la soledad, soy necesariamente un ser social y debo poner en común los carismas que el Espíritu Santo me ha dado para hacer de nuestra Tierra un lugar de paz y de armonía.
¿Por qué hoy en nuestro mundo hay tanta violencia política, tribal, racista y religiosa?
Después de 2000 años de progreso sin límites y de haber conquistado el espacio, no hemos podido llegar al corazón del ser humano, ni lo hemos convencido de la necesidad de cesar la violencia y dejar de matar a causa de nuestras diferencias.
El Espíritu de Dios ha sido enviado para unirnos en la diferencia y hacer de todas las Naciones de la Tierra un sólo Pueblo de hermanos, respetando nuestros orígenes, nuestra cultura, manera de pensar, de obrar y vivir.
¿Cuándo vamos a comprender que no tenemos derecho a suprimir una vida? La vida es sagrada y pertenece sólo al Creador. No tenemos derecho a despreciar a otra persona porque es de otro color, de otra religión, de otra raza y otra civilización. ¡Nos falta mucha bondad y tolerancia!
Por el fuego del Espíritu Santo deberíamos ser hombres y mujeres libres, creadores de un nuevo mundo, basado en la justicia, la verdad y el amor.
Allí donde vivo puedo construir un mundo más justo, donde haya más respeto, más sentido de compartir efectivamente y más convicción para ayudar a mis hermanos que viven en la extrema pobreza y la violencia.
¡Nuestro mundo puede ser más humano y más semejante al designio de Dios!
Tenemos que despertarnos y vivir con audacia los dones del Espíritu Santo que Dios no ha dado para amar y ayudar a nuestros hermanos en todo el mundo, en especial a los olvidados y oprimidos por las estructuras económicas injustas.
En todas las naciones el Espíritu de Dios está obrando ¡Toda la Tierra está llena de su Espíritu de sabiduría, de paz, de amor y de felicidad!
Dios no puede expresarse de otra manera que por el amor hacia los más frágiles de nuestros hermanos, porque sólo el amor es digno de confianza y puede cambiar una persona para siempre.
Muchas veces nos olvidamos y dudamos de la fuerza del Espíritu Santo, por eso no hemos podido transformar nuestras vidas, la de nuestros amigos y de la sociedad en la cual vivimos.
No tuvimos el suficiente sentido del perdón y de la misericordia de Dios hacia aquellos que han perdido el rumbo de la verdad y que se han enterrado en su egoísmo y la indiferencia.
Pero nada está perdido para Dios. Siempre podemos volver y recomenzar una nueva vida al servicio de los hermanos y hermanas de la comunidad de la cual formamos parte.
Esta disponibilidad al servicio de los hermanos, nos da la alegría de vivir y nos hace descubrir un nuevo sentido a nuestra propia vida, nos da energía y dinamiza nuestro espíritu.
Nuestra vida tiene un sentido que trasciende nuestra vida física y terrena. Es urgente redescubrir el sentido espiritual de nuestras vidas sobre todo en el mundo de los jóvenes.
¡No somos meros consumidores, ni números, ni futuros clientes de una multinacional que sólo piensa como multiplicar sus ganancias y sus acciones en la Bolsa!
Dios nos ha dado otro fin y otro sentido a nuestra vida, que es el de vivir en el amor, la armonía, la paz , la sobriedad y compartiendo todas las riquezas que han sido dadas por el Creador para todos sin exclusión.
¡La felicidad viene de nuestro saber vivir en comunidad y nuestra generosidad de compartir todo lo que tenemos por demás y que no utilizamos!
De nuestro amor recíproco, nuestras mutuas aceptaciones y la ayuda fraterna que nos da el Espíritu Santo, cuando es compartida con discreción con los pobres, depende nuestra propia alegría y felicidad.
Este camino es tan claro y sin embargo lo ignoramos voluntariamente porque nos parece demasiado simple para ser verdadero. Nos cuesta creer que Dios se revela en la humildad, como lo ha hecho entrando en nuestra historia humana en Belén.
¡Todos aquellos que viven en esta humildad y simplicidad están abiertos a la gracia de Dios y movidos por El Espíritu Santo, construyendo la unidad toda nuestra Humanidad, creando los cimientos y las primicias del Reino de Dios que ya está aquí !
¡Viva la fiesta de Pentecostés!
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Mensaje de Navidad 2009
¡Navidad es un día que vale todos los días del año!
Es un día donde, más que en otros, tomamos conciencia de la presencia de Dios entre nosotros.
Es un día en el que comprendemos mejor lo que quiere decir Amar y Compartir.
Es un día, en el que sentimos una inmensa alegría de formar parte de la misma Familia Humana creada por Dios para ser felices.
Es un día en el que nuestros sentimientos y nuestra bondad no tienen vergüenza de expresarse con toda sinceridad.
¡Es un día en el que podemos gritar con todas nuestras fuerzas:"Todo hombre es mi hermano"!
Es un día en el que se permite pensar que la justicia y la paz son posibles para todas las Naciones.
Es un día en el que ningún ser humano se siente extranjero en medio del Pueblo de Dios.
Es un día en que la esperanza tiene todo su derecho de existencia.
Es un día en el que se puede ceer que un mundo más justo y solidario es posible.
Es un día en que El Cielo y La Tierra se unen en una misma aventura divina y humana.
¡Es un día en que el racismo, la intolerancia y la soberbia de unos sobre otros, desaparece momentáneamente!
Es un día en que todos podemos ser nosotros mismos con toda libertad, sin apariencias.
Es un día en que EL AMOR es vida y energía para todos, sin excepción.
Es un día en el que Dios, hecho hombre, se ha unido a nuestra Humanidad de una vez para siempre.
¡Es un día en el que no hay excluidos, ni resentidos, sino sólo hermanos de diferentes culturas que se aceptan, respetan y aman en verdad!
¡Es un día en el que cada niño de la Tierra es rey del Universo, respetado y amado gratuitamente sólo por ser niño, imagen privilegiada de Dios!
¡Navidad, es un día que vale todos los días de la eternidad!
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Mensaje de Pentecostés 2009
¡El Espíritu Santo sopla dónde quiere, cuándo quiere y cómo quiere!
¡Dejemos entrar el Espíritu de Dios en nuestros corazones y en nuestras vidas! ¡Dejemos de lado toda clase de prejuicios que nos encierran en moldes que nos asfixian!
Pentecostés trae esperanza y salida a nuestros problemas personales, nuestras historias encerradas, nuestros miedos y egoísmos.
¡Abramos nuestros corazones al Espíritu Santo que viene para removernos y renovarnos!
¡Abramos las ventanas de nuestra vida para que entre aire fresco en nuestro cuerpo y podamos respirar con más alegría y mejor salud!
No avanzamos atándonos a las costumbres y al pasado, sino con la fuerza de Cristo y movidos por el Espíritu Santo, corriendo riesgos; comencemos una vida más solidaria y activa en favor del pobre que nos guiará hacia el Reino del Amor, de la justicia y de la paz.
¡Es tiempo que nos decidamos a ir hacia los hermanos que tienen necesidad de ayuda y de Dios! Yendo hacia ellos es la única solución para darle sentido a nuestras vidas y sentirnos feliz de existir.
¡Es una certeza que los hermanos me hacen existir, tanto como Dios, porque Dios está en ellos !
¡Dejemos al Espíritu de Dios transformarnos en antorchas vivientes de fe, esperanza y amor en el mundo real que nos toca vivir!
El Espíritu Santo, renueva, transforma y purifica nuestra felicidad y amor que tanto necesitamos para compartir esta alegría divina con nuestros hermanos, los más olvidados en todos los países del mundo.
¡Esta felicidad sin fronteras podemos vivirla tan sólo dejándonos moldear por El Espíritu Santo, que vivifica todo lo que se desvanece!
¿Por qué no probamos vivir en nuestra vida diaria, el Espíritu de Dios que nos llena de fuerza, de valor, amor y libertad?
Es un grito de Amor y una corriente de libertad jamás vivida en la Humanidad, que infundió el Espíritu Santo en nuestra Historia.
¡Cuando Dios nos da su gracia, la da en cantidad impresionante y nos embriaga de sorpresa y felicidad !
¡Aún frágiles, con el Espíritu Santo, vivimos sin miedo, construyendo el futuro con audacia y con la experiencia del pasado!
Estamos perdiendo demasiado tiempo con nuestras dudas y teorías, malgastando nuestros talentos y nuestras vidas en lugar de entrar mar adentro y crear con los dones del Espíritu Santo, que cada uno ha recibido, ¡la nueva civilización del amor!
El Espíritu de Dios está presente en todas aquellas personas que luchan por un mundo más fraterno y solidario con valentía y perseverancia.
¡Tenemos que dar un sentido a la vida de tantos millones de jóvenes de hoy y preparar los cimientos para los millones que nacerán en los siglos que vienen!
¡Somos una cadena de esperanza que contagiamos Amor, justicia y paz a todos los seres vivientes !
El ser humano necesita trascenderse y construir su existencia sobre los valores espirituales para dar sentido y sabor a su propia vida.
La base del compromiso evangélico viene del Espíritu Santo, que nos lleva a dar día a día nuestras vidas por el hermano.
¡Sólo el amor de Dios, vivido y concretizado en Cristo por El Espíritu Santo es digno de fe!
¡Vivamos continuamente en éste Espíritu de Pentecostés!
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Mensaje de Navidad 2008
El nacimiento de todo niño es una Navidad. Nuestra Navidad cristiana es el nacimiento del Niño Jesus: el Emanuel-Dios venido al encuentro de toda la humanidad, es decir de cada ser humano. Navidad cumple la palabra de Dios dicha por el profeta Isaías: "He aquí a Dios Nuestro Señor...Como un pastor apacienta su rebaño, en su brazo recoge a los corderos y los lleva junto a su pecho y guía con cuidado a las recién paridas" (Is.40, 10-11). Entonces, con María, podemos decir que el amor de Dios " se extiende de año a año y por los siglos de los siglos".
Navidad es mucho más que el aniversario del nacimiento histórico de Jesús: es la Encarnación eterna y definitiva de Dios en el mundo. Con el Niño Jesús, nace una gran esperanza: la que Cristo pueda venir hasta nuestra alma, todos los días, si queremos recibirlo. Recibiéndolo podemos decir: " yo vivo, pero no soy yo quien vive, es Cristo que vive en mi".
Sin embargo, desde siempre y aún hoy, la humanidad conoce la violencia y las destrucciones de la guerra, el racismo, el odio y la exterminación de los pueblos, la dominación y el desprecio de los poderosos que esclavizan y empobrecen a millones y millones de seres humanos. Todas estas desgracias pueden conducir a la resignación y los humillados y hambrientos pueden desesperarse del advenimiento del amor de Dios anunciado por Cristo, llamando a los hombres a formar una sola familia y un sólo pueblo reunidos por la fraternidad, la solidaridad y el perdón.
¿Cuándo el amor y la verdad se encontraran? ¿Cuándo la justicia y la paz se unirán? ¿Cuándo el Señor nos mostrará sus beneficios? Queridos hermanos y hermanas, recibimos la gracia de la fe, es decir la certeza que Dios nos llama a rechazar el egoísmo que vive en nuestros corazones. Dejémonos embargar por la ternura y la dulzura de Cristo como el ciervo sediento busca el agua viva.
San Pablo dirigiéndose a Timoteo nos dice: "Por esto, pues, nos esforzamos y luchamos, porque tenemos puesta nuestra esperanza en Dios vivo, que es el Salvador de todos los hombres, sobre todo de los creyentes". La única respuesta a la resignación que puede invadirnos es la esperanza que sobrepasa a todas nuestras esperanzas humanas. El mensaje de Navidad es claro: naciendo en un pobre establo, Jesús se identificó con los más pobres para mostrar que la exclusión no es una fatalidad. Debemos pues, hacer oír nuestra voz para defender la justicia, es decir, el respeto por cada ser humano y primero por los pobres y excluidos. Es en esta condición que la paz germinará. Debemos involucrarnos para combatir la pobreza, para que las riquezas de la tierra sean distribuidas equitativamente entre los todos los hombres. No se puede festejar Navidad en la abundancia cuando millones de seres humanos no comen lo necesario; esto traicionaría el mensaje de Jesús y desfiguraría la esencia de esta fiesta que es la fiesta de la fraternidad.
Navidad nos llama a nuestro deber cotidiano: el de combatir con dureza para humanizar el mundo, cada vez más invadido por el culto de ídolos que son el dinero, las riquezas materiales y los placeres desordenados. Que los frutos espirituales de este día de Navidad aumenten el año próximo.
Queridos amigos, que esta Navidad 2008 despierte vuestro corazón y vuestra alma, para que cada uno sea el mensajero de la Buena Nueva entre todos aquellos con los que viven cada día.


