Testimonios sobre padre Opeka
Padre Pedro Opeka, sacerdote, constructor y ejemplo a seguir
Eduardo Serantes, alumno de cuarto año de Ingeniería Industrial, asistió a una charla del padre Pedro Opeka y le cuenta a Conecta2 quién es esta singular persona. El padre es reconocido internacionalmente por su labor en Madagascar.
El padre Pedro es argentino, hijo de eslovenos. Actualmente, reside en Madagascar, uno de los países más pobres de África. Se escribieron más de dos libros de su obra y fue propuesto para el premio Nóbel de la Paz. Sin embargo, lo más importante es la labor diaria que realiza en su comunidad.
-Eduardo, ¿cómo supiste de la charla de padre Pedro Opeka?
Me enteré de la charla del padre porque fue organizada por una ONG a la que trabajo de manera voluntaria. Yo conocía su obra gracias a un amigo, Jesús María Silveyra, escritor que publicó el libro "Un viaje a la esperanza", donde describe la vida del padre.
-Es decir que conocías su obra antes de asistir a la charla…
La conocía a través de Jesús María, pero la realidad es que yo no había leído el libro. Tenía una idea de lo que había hecho y no pensaba perderme la oportunidad de escucharlo.
Su obra
“En la charla, Opeka contó un poco cómo fue el comienzo, cómo que llegó y empezó a generar la gigantesca obra que existe hoy. Llegó a Madagascar a los 22 años siendo seminarista. Arribó con un espíritu joven, lleno de expectativas e idealismo. Allí se encontró con una cultura nueva, otro idioma y otros códigos. Al recorrer la ciudad descubrió una pobreza indigna, familias enteras viviendo día y noche en el basural recolectando lo que tiraba la gente de la gran ciudad. Su indignación frente a esta realidad fue descomunal, no podía entender como el ser humano podía vivir en estas condiciones (cuando el viajó a Madagascar uno no percibía en la Argentina la pobreza que vemos hoy). Entonces, con tiempo y mucha valentía entró al basurero, se enfrentó con los líderes de esta gente y les propuso ayudarles a construir una vivienda digna. Con el transcurrir de los años, con mucha fuerza interior, sin recursos económicos y el apoyo de la gente, Opeka generó empleos al crear una cantera donde se pican piedras cerca de la ciudad. Esto le proporcionó empleo a la gente del basural, quienes a su vez, juntos pudieron construir sus primeras viviendas. Luego obligó a los niños a asistir a la escuela, para que no trabajasen. Más adelante, la obra del padre argentino creció y se crearon escuelas y hospitales de primer nivel. Actualmente la obra se compone de 17 aldeas con más de 2000 viviendas donde viven 2926 familias (cerca de 17.000 personas). En las aldeas es posible encontrar un total de 4 escuelas primarias y secundarias, una institución de educación superior, cinco jardines de infantes que reciben alrededor de 8000 niños; y seis farmacias. Se calcula que unas 1350 familias pudieron regresar a su ciudad de origen”.
-Sin duda, todo lo que hizo requiere de una fuerza extraordinaria. ¿Qué es lo que lo alienta a seguir día a día buscando la dignidad de las personas?
Para lograr esto, en un mundo diferente al que él conocía, es indudable que el padre concebía algo especial que le daba la fuerza para seguir siempre. Porque por más que uno vea los logros también tuvo muchísimos desafíos que confrontar y superar. Opeka hablaba de una sed de justicia, de una motivación interna de superar la situación de indigencia que viven millones de personas. De todas formas, lo que todos percibimos al escuchar la charla es un claro testimonio de amor. Fue un grito a la justicia. Pero más aún el padre personifica el sentido más profundo del misionero, el despojo de todo para darse al otro.
Opeka también nos contó que su fuerza viene de Dios. Que el ver a Jesucristo en cada uno de los habitantes de Madagascar lo impulsa a seguir adelante. La Fe lo mantiene firme en sus compromisos. También vimos imágenes de él celebrando la Santa Misa al frente de cientos de personas; el hecho el compartir a Dios hecho hombre con los hombres y mujeres de las canteras también lo llenaba de una energía descomunal, ya que además las misas son muy alegres y carismáticas, como suelen ser en África. La alegría de los niños también es su debilidad.
-El ejemplo del padre Opeka seguramente resulta alentador frente a la realidad Argentina: la pobreza puede ser vencida. ¿Hizo alguna observación en relación a nuestra Patria?
A su vez, el padre habló de la Argentina. Lo primero que le sorprendió al volver es que la pobreza había aumentado en gran medida. Decía que podemos encontrar la misma pobreza que Madagascar en muchos lugares de nuestro país. Pero se centró más en los ideales de los ciudadanos y especialmente de los jóvenes. El cree firmemente que la pobreza puede ser vencida, pero para eso tiene que haber ideas firmes, sed de justicia y compromiso con el prójimo. Esto es lo que falta tanto en Argentina como en los demás países del mundo, incluso en Madagascar. El mensaje que nos dejó el misionero Opeka es muy claro: se puede si se quiere. Pero el problema no está en los medios, sino en la falta de voluntad y de compromiso.
A modo de anécdota…
• El padre Padre Opeka es hijo de inmigrantes eslovenos, que llegaron a la Argentina huyendo de la persecución comunista. Opeka en esloveno significa “ladrillo”. Su lema sacerdotal es “Toda persona humana es mi hermano”.
• La obra del padre Pedro se llama Akamasoa, que en malgache significa “Buenos amigos”.


